miércoles, 3 de diciembre de 2008

Una vez más

Ha vuelto a suceder. Y no será la última muerte en vano. El ser humano es así de estúpido. La lógica, aunque no debería, es así de perniciosa. Porque las justificaciones, a fe mía, son absurdas, y el fin demasiado egoísta considerando el precio ...O quizá sea el camino. Parece un paso irreversible, adentrarse en él y no mirar atrás, para elegir casi de forma aleatoria un objetivo mal llamado "militar", sin considerar el valor real de la vida, y de la muerte. No hay un baremo para todo, no hay una etiqueta. Y el enfrentamiento directo, como solución, si es guiado por la ira sólo puede conducir al caos...
No lo entiendo, o sí, pero nunca he ahondado en éste tema lo suficiente como para emitir un juicio inapelable o nombrarme portavoz de nadie; porque vivo en otro mundo, en otra dimensión. Sin embargo, sé que no deseo una pistola en la frente, y tampoco debajo de la almohada; que vivir con miedo es morir un poco cada día, sin saborear el tiempo.
Apago el televisor y respiro hondamente... Como si no hubieran otros problemas que abordar.

Nelo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es un texto enorme en su verdad. Millones de seres humanos nos preguntamos, día a día, qué podemos hacer para terminar con esta locura. Cuál es el camino. Damos la fuerza de nuestros cuerpos y nuestras horas para combatir la violencia en sus distintas formas. El hambre, la guerra, la discriminación... Absurdos inmensos que, a ratos, nos hacen sentir que luchamos por un imposible. Quienes ejercen y promueven esa violencia son seres humanos. Difícil entender. Y el que calla, la sustenta. Sí, hay mucho en qué pensar. Agradezco tus palabras. Espero que el número de voces llegue algún día a derribar las lacras de la humanidad, y que cada uno de nosotros llegue al momento de nuestra muerte, satisfecho de haber VIVIDO una vida que pueda ser contada con una bella sonrisa.
Abrazos.

SergioUrra.

Manuel Pérez Recio dijo...

Al menos, nos queda la libertad de poder expresar nuestros pesares. Y de alguna forma alimentar esa conciencia colectiva que va fraguándose lentamente con palabras anónimas, día a día.
Saludos, compañero.
Nelo