domingo, 15 de febrero de 2009

Marta

Ya hay novedades respecto al caso de Marta del Castillo, la joven sevillana que desapareció el pasado 24 de enero. Un joven confesó haberla asesinado y luego arrojado su cuerpo al río Guadalquivir, con ayuda de unos ¿amigos?, al parecer por motivos pasionales. Las fuerzas y cuerpos de seguridad se esfuerzan por localizar sus restos, lo que parece una difícil tarea.
Se ha dado un desenlace terrible. La familia, a la que doy mi más sentido pésame, debe ahora afrontar la sinrazón del ser humano, que a veces parece abocado a la involución. Y seguiremos haciéndonos la misma pregunta: ¿Qué ha fallado en el sistema?... ¿Por qué?
Una losa de este calibre no se supera en la vida, qué duda cabe, pero hay que aprender a vivir con ella sin caer en el vacío de la desesperación. Que la lucha nos otorgue la fuerza necesaria para seguir combatiendo día a día, que la verdad sea un arma, que la razón impere sobre los sentimientos erráticos. Y que la justicia juegue su papel con mano muy dura, sin concesiones, aplicando al/los culpables la pena que corresponda según los dictados de la Ley... Porque la muerte, no concede una segunda oportunidad.
No es este un caso especial para mí. Pero representa un esquema que odio y no comprendo, ni creo llegue a comprender jamás. Y he querido hacer eco de mi desvelo.
Un fuerte abrazo, Marta.
Nelo

2 comentarios:

B. Miosi dijo...

Nelo, la joven fue producto de motivos pasionales. El joven que confesó haberla matado se merece el peor de los castigos, espero que así sea, pero no estoy segura de que sea falla del sistema. Los crímenes pasionales existen desde que el mundo es mundo.
Falla de sistema es si la justicia no hace justicia y espero que no sea este el caso.

Un abrazo,
Blanca

Manuel Pérez Recio dijo...

Gracias, Blanca. Es una noticia que ha impactado en la sociedad y trascendido en los medios, colmando una serie de sucesos muy parecidos. Cierto es que culpable sólo hay uno. Pero la sociedad en su conjunto debe sentirse involucrada, educar, denunciar, acusar, tratar incluso de frenar cualquier atisbo de violencia; actuar. Y ese era mi alegato. Porque, como sucede con los asesinatos terroristas, existe el riesgo de acostumbrarse a escuchar este tipo de desgracias.
Un abrazo
Nelo
Nelo